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domingo, 23 de marzo de 2014

Prólogo - Tiempo de soñar

PRÓLOGO



  – ¡Vamos Luck! ¿No te irás a rajar ahora?

  – En serio tíos, tengo que irme, tengo prisa

  – ¿Tienes miedo, o qué?

  – ¿He tenido miedo alguna vez? – dije sonriendo.

Los tres chicos se quedaron sentados en el banco de piedra.
Sabían que aquella cuestión era irrefutable. No dijeron una sola palabra hasta que me vieron desaparecer por una de las estrechas calles.

    El muy cabrón tiene razón – dijo el más alto de los tres.

  Su nombre; Aaron. Un chico poco común. Aficionado a ordenadores y juegos de roll. Era lo que se suele decir, un friki en toda regla.
Vestía con camisetas anchas y pantalones del mismo tallaje, siempre de color negro, por supuesto.
Adoraba también todo lo relacionado con el satanismo, aunque siempre me mantuve alejado de esos temas, por muy amigos que fuésemos hay límites que es mejor no superar.
Por si fuera poco engominaba su rojizo y largo cabello, desde la frente hasta la nuca, sin escatimar en gomina. Lo peor de todo es que siempre creyó que era un peinado moderno.
Otra cosa característica de él, eran sus gafas. Aquellas viejas y destartaladas gafas de pasta negra que ocupaban la mayor parte de su rostro ocultando por completo sus verdes ojos.
Nunca supimos encajarlo en un estilo concreto, asique decidimos pensar que era Aaron, sin más, un chico único.
A pesar de su atípico aspecto y de sus extraños hobbies, era uno de mis mejores amigos. Un tipo legal, extrovertido e ingenioso. Por supuesto, los mejores planes, los más locos y divertidos siempre los proponía él.

    ¿Creéis que le pasa algo? Nunca había pasado de un plan como éste – dijo nervioso el chico de los ojos azules.

  Ése, era “Rita”. Pensaréis que no es el nombre más adecuado para un chico, pero ya sabéis que pasa cuando alguien comete un error ridículo delante de un grupo numeroso de personas. Te ponen un mote humillante y a la vez gracioso que rememore tu error. Al final la gente olvida la anécdota, pero ese ridículo nombre se queda contigo hasta el final, incluso puede que haya personas que olviden tu verdadero nombre.
A pesar de ese ligero inconveniente, que tan solo de vez en cuando provocaba risas tontas entre un grupo de amigas mientras se preguntaban el por qué de ese nombre, Rita era el más deseado por las chicas de nuestra edad, las más pequeñas e incluso por mujeres más mayores.
Su avanzado ingenio frente a la conquista femenina era excepcional.
Era romántico, cuidadoso, sutil, y cariñoso, aunque no pueda decirse lo mismo de su fidelidad, pero como eso ellas no lo sabían, era capaz de hacer caer rendida a sus pies casi a cualquier mujer. Casi.
Con nosotros era buen amigo, el mejor para mi junto a Aaron. Pero a diferencia de éste, Rita era el típico amigo que necesita pensar las cosas más de una vez, el típico que intenta eludirnos de nuestros “estúpidos” planes diciendo tonterías como “Mejor vayamos a tomar algo por ahí”, o “Creo que no es una buena idea”.
Aún así, a pesar de sus intentos por destruir nuestros planes, siempre terminaba aceptándolos, participando en ellos y pasándolo mejor que nosotros mismos.
Tenía el pelo color rubio ceniza, ojos negros como la noche más oscura, labios pequeños pero gruesos que ocultaban una sonrisa con dientes perfectos.

– Venga tíos, vámonos – dijo la voz más ronca de todas.

  El tercero se llamaba Gregorio, pero si aprecias lo más mínimo tu vida, jamás te atreverías a llamarle así. Todos le conocíamos por Greg.
El grandullón de Greg.
No era muy alto, pero si robusto y fuerte como un toro.
Tan solo era un año mayor que los demás pero apenas tenía pelo en su enorme y redonda cabeza, por lo que hacía ya varios meses que había optado por raparse lo poco que le quedaba quedándose completamente calvo, como una bola de billar..
Tenía una mirada oscura y profunda acompañada de una malvada sonrisa..
A pesar de ser mi amigo, nunca me inspiró demasiada confianza. Cada vez que estaba cerca mío me hacía sentir extraño, alejado de estar a salvo.
Era un chico bastante reservado. A decir verdad, desde que le conocimos tres años atrás, nunca había mencionado nada acerca de su vida personal, nadie sabía de dónde venía, ni a donde iba.

  – Seguro que ha conocido a una chica – dijo Rita mirando a su alrededor con aire despreocupado.

  - ¿Luck? – Contestó Aaron intentando poner cara de incredulidad –.¡¿Cómo puedes pensar algo así de él?!

  Los tres estallaron en carcajadas.

Lógicamente, era una ironía.

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